Vapor

El vapor se utiliza para la distribución de la calefacción urbana para construir sistemas de calefacción y procesos de calefacción industrial.

La ventaja de la aplicación del vapor es que puede transferir grandes cantidades de energía, ya que se puede utilizar la energía liberada durante la fase de transición. Todo ello significa que se pueden transportar grandes cantidades de energía por unidad de masa en comparación con otras sustancias. Por ejemplo, se pueden transportar 125 kJ por kg de agua con una refrigeración de 30 K, mientras que 1 kg de vapor a 100 °C contiene aproximadamente 2250 kJ/kg.

Utilizar vapor para la distribución de calor también permite sacar partido a la refrigeración del condensado. El inconveniente de utilizar vapor para la distribución de calor es que, debido a las elevadas temperaturas, se disipan cantidades relativamente elevadas de calor a través de las tuberías de distribución. Por ello, algunos condensados de las tuberías de suministro quedarán sin utilizar. Además, son necesarias tuberías de distribución de mayor tamaño, ya que el agua ocupa un mayor volumen en forma de gas que en estado líquido. Finalmente, los consumidores requieren un sistema de intercambio de calor más complejo con el fin de convertir la energía de vapor en una forma de portador líquido. En resumen, la distribución de calor utilizando vapor no resulta especialmente ventajosa y, por lo tanto, existe únicamente en sistemas antiguos.

El vapor se utiliza en los procesos industriales donde se requiere un calentamiento rápido, por ejemplo, procesos de desinfección. Cuando se utiliza vapor, la gran cantidad de energía liberada durante la fase de transición provoca que la temperatura del agua aumente con mucha rapidez. En general, las empresas que utilizan un sistema de distribución de calor basado en vapor suelen operar sus propios generador y caldera de vapor.





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